Durante muchos años hemos hablado del síndrome de ovario poliquístico (SOP; PCOS en inglés). Sin embargo, en mayo de 2026 esta enfermedad recibió oficialmente un nuevo nombre internacional:
Polyendocrine Metabolic Ovarian Syndrome (PMOS).
No se trata simplemente de un cambio de terminología. El nuevo nombre intenta reflejar mejor lo que hoy sabemos sobre esta enfermedad: no es únicamente un problema de los ovarios y, sobre todo, no es una enfermedad causada por «quistes» ováricos.
El cambio ha sido el resultado de un largo proceso internacional en el que han participado profesionales sanitarios, sociedades científicas y mujeres afectadas por la enfermedad. La nueva denominación ha sido respaldada, entre otras organizaciones, por la American Society for Reproductive Medicine (ASRM) y por el grupo internacional responsable de las guías de práctica clínica.
¿Por qué se ha cambiado el nombre?
El antiguo término «ovario poliquístico» ha generado durante años bastante confusión. Muchas pacientes llegan a la consulta pensando que tienen pequeños quistes en los ovarios y que ésos son la causa de sus problemas hormonales o de fertilidad.
En realidad, los llamados ovarios poliquísticos no contienen necesariamente quistes patológicos. Lo que observamos en la ecografía es una determinada morfología ovárica, habitualmente con un número elevado de pequeños folículos. Además, ni siquiera todas las mujeres con este síndrome presentan esa imagen ecográfica.
Por eso, centrar el nombre de la enfermedad exclusivamente en el aspecto del ovario resultaba cada vez menos adecuado. Hoy sabemos que se trata de una condición mucho más compleja, con manifestaciones endocrinas, metabólicas, reproductivas, dermatológicas y psicológicas, que pueden acompañar a la mujer durante distintas etapas de su vida.
Entonces, ¿qué es realmente el PMOS?
El PMOS es una alteración endocrina frecuente en mujeres en edad reproductiva. Según las guías internacionales, afecta aproximadamente al 10–13 % de las mujeres, aunque su presentación clínica es muy variable.
Algunas mujeres consultan porque tienen menstruaciones muy irregulares o pasan varios meses sin menstruación. Otras presentan acné, aumento del vello corporal o caída de cabello relacionada con un exceso de andrógenos. En otras ocasiones, el problema se descubre cuando la mujer intenta quedarse embarazada y se comprueba que no está ovulando regularmente.
Pero existen también mujeres con manifestaciones mucho más discretas. Por eso, tener PMOS no significa que todas las pacientes tengan los mismos síntomas ni el mismo grado de alteración metabólica o reproductiva.
¿Cómo se diagnostica?
En las mujeres adultas, el diagnóstico continúa basándose fundamentalmente en la presencia de al menos dos de tres características:
- alteración de la ovulación, con ciclos irregulares, oligoovulación o anovulación;
- hiperandrogenismo clínico o analítico;
- morfología ovárica poliquística.
Antes de establecer el diagnóstico deben excluirse otras enfermedades que puedan producir manifestaciones similares.
Un detalle importante es que una ecografía con ovarios de aspecto poliquístico, por sí sola, no significa que una mujer tenga PMOS. Y también ocurre lo contrario: una mujer puede cumplir criterios diagnósticos sin necesidad de presentar esa morfología ovárica.
La hormona antimülleriana (AMH) puede utilizarse actualmente en determinadas mujeres adultas como parte de la valoración de la morfología ovárica, pero no debe utilizarse como una prueba aislada para diagnosticar PMOS.
¿Qué papel tiene la resistencia a la insulina?
La resistencia a la insulina desempeña un papel fisiopatológico importante en muchas mujeres con PMOS y ayuda a explicar la estrecha relación entre las alteraciones reproductivas y metabólicas.
Cuando existe resistencia a la insulina, el organismo necesita producir más insulina para mantener una glucemia adecuada. La hiperinsulinemia puede favorecer, a su vez, una mayor producción de andrógenos y contribuir a las alteraciones de la ovulación.
Sin embargo, no todas las mujeres con PMOS presentan obesidad ni todas tienen la misma alteración metabólica. Una mujer delgada también puede tener PMOS. Por eso, limitar el problema a «perder peso» sería una simplificación excesiva.
Las guías actuales recomiendan valorar el metabolismo de la glucosa en las mujeres con PMOS independientemente de su edad y de su índice de masa corporal. Cuando se necesita estudiar con precisión el metabolismo glucídico, la sobrecarga oral de glucosa de 75 g (OGTT) es actualmente la prueba considerada más precisa.
PMOS y fertilidad
Desde el punto de vista reproductivo, una de las consecuencias más frecuentes del PMOS es la alteración de la ovulación. Si una mujer no ovula regularmente, tendrá menos oportunidades de embarazo a lo largo del año. Esto explica por qué el PMOS es una causa frecuente de infertilidad por anovulación.
Pero conviene aclarar algo que a veces preocupa innecesariamente a las pacientes: tener PMOS no significa ser estéril. Muchas mujeres con este síndrome ovulan, aunque sea de forma irregular, y pueden conseguir un embarazo espontáneamente.
Cuando existe anovulación persistente y se necesita tratamiento farmacológico para inducir la ovulación, las guías internacionales consideran actualmente el letrozol como tratamiento farmacológico de primera línea, siempre que no exista otro factor de infertilidad que indique un tratamiento diferente.
Por este motivo, cuando una mujer con PMOS busca embarazo es importante no centrarse exclusivamente en el ovario. Hay que valorar también la edad, la reserva ovárica cuando esté indicado, las trompas, el semen de la pareja y los demás factores que pueden intervenir en la fertilidad.
No es solamente una cuestión de fertilidad
Durante muchos años, el síndrome se ha tratado principalmente como un problema ginecológico: menstruaciones irregulares, exceso de vello, acné o dificultad para conseguir embarazo. Hoy sabemos que debemos mirar más allá.
Las mujeres con PMOS presentan un riesgo aumentado de alteraciones de la glucosa y diabetes tipo 2, y las guías recomiendan evaluar también los factores de riesgo cardiovascular. En el momento del diagnóstico se aconseja valorar el perfil lipídico y controlar periódicamente la presión arterial.
También existe una mayor prevalencia de apnea obstructiva del sueño, incluso teniendo en cuenta las diferencias de índice de masa corporal. Cuando existen ronquidos importantes, sueño poco reparador, somnolencia diurna o cansancio, este aspecto merece ser valorado.
Las alteraciones psicológicas tampoco deben olvidarse. Ansiedad, depresión, problemas de imagen corporal y trastornos de la conducta alimentaria aparecen con mayor frecuencia y forman parte de la valoración integral recomendada actualmente.
¿Y después de la edad fértil?
El PMOS tampoco debería entenderse únicamente como una enfermedad de mujeres jóvenes que quieren quedarse embarazadas. Las manifestaciones cambian con la edad, pero determinados riesgos metabólicos pueden persistir.
Por eso las recomendaciones actuales plantean un seguimiento de la salud a lo largo de la vida, prestando atención al peso y la composición corporal, la glucosa, los lípidos, la presión arterial, la actividad física y otros factores de riesgo cardiovascular.
También sabemos que las mujeres con largos periodos de amenorrea presentan un mayor riesgo de hiperplasia endometrial y cáncer de endometrio, aunque el riesgo absoluto de cáncer continúa siendo bajo y no se recomienda realizar cribados rutinarios simplemente por tener PMOS.
Un nuevo nombre para cambiar también nuestra forma de entender la enfermedad
Pasar de Polycystic Ovary Syndrome (PCOS) a Polyendocrine Metabolic Ovarian Syndrome (PMOS) nos obliga a dejar de mirar exclusivamente los ovarios.
Una mujer puede consultar inicialmente porque tiene reglas irregulares, acné o dificultades para quedarse embarazada, pero detrás puede existir una alteración endocrina y metabólica mucho más amplia que merece ser valorada en conjunto.
El cambio de nombre no modifica de un día para otro los criterios diagnósticos ni significa que todo lo que sabíamos sobre el antiguo SOP haya dejado de ser válido. Cambia, sobre todo, la manera de comprenderlo: de un supuesto problema de «ovarios con quistes» a una condición endocrino-metabólica compleja con repercusiones sobre la salud reproductiva y general.
Durante los próximos años encontraremos ambos nombres —PCOS/SOP y PMOS— en informes médicos, publicaciones y páginas de información sanitaria. Las propias guías internacionales han establecido un periodo de transición de tres años y prevén utilizar únicamente PMOS a partir de su actualización de 2028.
